Economía y Negocios

TLC Mercosur-UE: ahora o nunca

Negociando se viene desde 1999. Ahora, con una nueva constelación política en la región y los avances comerciales de China, todos los negociadores quieren la firma súbita.

El tiempo apremia: si fuera por Michel Temer, el presidente de Brasil, la declaración política para un Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la UE debería firmarse ya el próximo 21 de diciembre, durante la cumbre del bloque sudamericano en Brasilia.

En todo caso, las cartas están sobre la mesa. Paralelamente a la XI Conferencia Ministerial de la OMC en Buenos Aires (10 al 13 de diciembre) se llevan a cabo reuniones con la aspiración de poner rápidamente firma y sello al TLC Mercosur-UE.


Que esta vez va en serio lo demuestra que en las negociaciones participan los ministros de Relaciones Exteriores Jorge Faurie (Argentina), Aloysio Nunes Ferreira (Brasil), Rodolfo Nin Novoa (Uruguay) y Eladio Loizaga (Paraguay). La UE está representada por Cecilia Malmström, comisaria de Comercio de la Comisión Europea.

“Se trata de una muy clara señal, especialmente en tiempos de Donald Trump, en el sentido de que en ambas partes existe un interés en un sistema comercial internacional liberal”, dijo a DW el Dr. Peter Birle, investigador del Instituto Iberoamericano, con sede en Berlín.

Tanto Brasil como Argentina, con sus respectivos gobiernos liberales, apuestan, efectivamente, por una pronta firma del acuerdo, incluso si las ofertas de la UE de abrir su mercado, sobre todo a los productos agropecuarios, no satisfacen sus exigencias al cien por cien.

Temas controvertidos: de biocombustibles a licitaciones públicas

Concretamente, se trata de la ampliación de las cuotas de importación europeas de carne y biocombustibles ofrecida por la UE, que, según el Mercosur, son ahora incluso menores de las que se estaban negociando diez años atrás.

La compensación podría venir por el lado de la visión del Mercosur de transformar la región en una “plataforma de inversión europea”. En todo caso, el mercado común abarcaría 800 millones de consumidores: una magnitud que da alas a la imaginación en ambas partes.

“Por otra parte, sigue habiendo temas muy controvertidos, como la apertura de las licitaciones públicas en el Mercosur para empresas europeas y los derechos de propiedad intelectual y, naturalmente, una apertura demasiado vasta del sector agropecuario europeo, al que se oponen países como Francia, Austria y Polonia”, subraya Birle.

Documentos secretos: “importantes avances”

Cientos de páginas de documentos secretos filtrados por Greenpeace y otras fuentes al periódico alemán Süddeutsche Zeitung, permiten concluir, sin embargo, que ya se ha llegado a acuerdos en importantes capítulos, tales como normas sanitarias y fitosanitarias, facilitación del comercio, servicios y cooperación aduanera.

Para Europa, un TLC Mercosur-UE tiene también una importancia estratégica: según el acta de una reunión confidencial de fines de noviembre, representantes de Alemania y otros países de la UE dijeron que se trata de “ocupar mercados antes de que lo hagan otros, por ejemplo, China”.

Concretamente, “Brasil ha anunciado para el próximo año una serie de privatizaciones y China ya ha dejado muy claro que quiere participar fuertemente”, dice Birle. Está claro que los espacios vacíos que deje Europa los ocupará China.

Tal es la urgencia, que la UE estaría dispuesta, según lo que se lee en los documentos filtrados, a bajar el perfil de controles y aceptar, por ejemplo, que para exportar a la UE basten certificados expedidos en los propios países, en lugar de enviar inspectores propios.

Temores en Europa: de carne en mal estado a gas metano

Esa postura ha sorprendido a técnicos europeos de las áreas de ganadería y agricultura. Friedrich Ostendorff, experto en agricultura de Los Verdes en el Bundestag, dijo a DW que todo indica que “la UE está dispuesta a permitir la entrada de hasta 100.000 toneladas de carne por año”.

Además de ser “un peligro para la la producción de carne en Europa, sobre todo para los pequeños productores, en vista de que Brasil planeaba exportar carne en mal estado todavía este año, el relajamiento de los controles sería una bofetada a los consumidores de la UE”.

Ostendorff se refiere al escándalo en torno al grupo cárnico JBS, que explotó en marzo de 2017 y en el que está involucrado hasta el propio Michel Temer, presidente de Brasil. JBS reconoció que pagó durante años sueldos fijos de hasta 6.000 dólares por mes a más de 200 inspectores para que hicieran la vista gorda en los controles sanitarios oficiales. Según JBS, Temer lo sabía y lo aceptó, según se desprende incluso de una conversación con el presidente grabada ocultamente.

En la UE también se teme a otros peligros, subraya Ostendorff: “Que mayores exportaciones agropecuarias del Mercosur aceleren la deforestación, multipliquen los monocultivos y hagan aumentar las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero producido por los rumiantes”.

No obstante, el semáforo parece estar en amarillo y a punto de pasar a verde, porque, según concluye Birle, “si no se logra ahora con la constelación Macri-Temer, no se logrará nunca más”.

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